POR SANTA CECILIA

¿Qué sería de la música si no existiera el silencio? ¿Y del silencio si, a continuación, no brotase la música? 
Santa Cecilia, aquella mujer que mientras daba razón de su fe, cantaba a la gloria de Dios nos sugiere en este día de la Patrona de los músicos muchas cosas:
-A mal tiempo, buena cara. Es en los momentos de incertidumbre donde más se denota la armonía de lo que llevamos en el alma: fuerza o debilidad.
-Valentía ante el acoso. Es fácil ser cristiano en campo arado pero, lo meritorio, es tener cintura religiosa en circunstancias de escepticismo religioso.
-Coherencia ante el mundo cambiante. Santa Cecilia, lejos de echarse atrás en sus planteamientos, supo cerrar los ojos a este mundo con una convicción: el mundo se acaba pero Dios aguarda.
-Armonía frente a la división. La música llega donde las palabras, muchas veces, no alcanzan. La música, entre otras cosas, une y logra un milagro: la alegría.
Santa Cecilia fue una clave para entender a Dios y, sus manos, instrumentos que hicieron sonar otros tantos para gloria de Dios.
Ante una sociedad tan desatinada y tan desafinada, la música, nos brinda una oportunidad para la paz y que no solo sea arte sino que –además- sirva para elevar y engrandecer aún más la liturgia de los cristianos. Mozart, Guerrero, Tomás Luís de Victoria, Haendel, Bach y centenares más llegaron a entender un secreto: que la inspiración, a la fuerza, viene de un Gran Director de Orquesta que se encuentra en la eternidad.
¡Felicidades a todos los que, en este día 22 de noviembre, nos sentimos arropados por Santa Cecilia!