Juan nos grita. ¡Convertíos!

Este es el Domingo de Juan Bautista. El Precursor irrumpe, siempre, en el Segundo Domingo de Adviento, como un fortísimo heraldo pidiendo que allanemos nuestros caminos ante la inminente llegada del Señor. Y ese allanar nuestros abruptos problemas personales no es otra cosa que la conversión. La realidad es que no podemos desaprovechar un Adviento más para mejorar y hacernos más hermanos de todos.