El día 1 de noviembre viernes es la fiesta de todos los santos. El horario de misas en la parroquia será como los días festivos y a las 5 de la tarde tendremos la celebración de la misa en el cementerio como ya es tradición en Cizur Mayor.

Mateo 5:3-12;Las Bienaventuranzas

 “Bienaventurados (Felices) los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos.

 “Bienaventurados los que lloran, pues ellos serán consolados.

 “Bienaventurados los humildes, pues ellos heredarán la tierra.

 “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, pues ellos serán saciados.

“Bienaventurados los misericordiosos, pues ellos recibirán misericordia.

“Bienaventurados los de limpio corazón, pues ellos verán a Dios. 

“Bienaventurados los que procuran la paz, pues ellos serán llamados hijos de Dios.

“Bienaventurados aquéllos que han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos.

 “Bienaventurados  vosotros cuando los insulten y persigan, y digan todo género de mal contra ustedes falsamente, por causa de Mí. Estad alegres, porque la recompensa  en los cielos es grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que vosotros.

  Todo el mes de noviembre tendremos un recuerdo especail por lo fieles difuntos por los conocidos y los desconocidos. Rezaremos especialmente por la Animas del Purgatorio para que por nuestras oraciones y el merito de los santos, Dios las lleve al cielo. El día 2 de noviembre sábado tendremos una celebración especial en la parroquia a la 7 de la tarde.

Queridos hermanos y hermanas
Estamos aquí, en este encuentro del Año de la fe dedicado a María, Madre de Cristo y de la Iglesia, Madre nuestra. Su imagen, traída desde Fátima, nos ayuda a sentir su presencia entre nosotros. María siempre nos lleva a Jesús. Es una mujer de fe, una verdadera creyente. ¿Cómo es la fe de María?

1. El primer elemento de su fe es éste: La fe de María desata el nudo del pecado (cf. LG, 56). ¿Qué significa esto? Los Padres conciliares han tomado una expresión de san Ireneo que dice así: «El nudo de la desobediencia de Eva lo desató la obediencia de María. Lo que ató la virgen Eva por su falta de fe, lo desató la Virgen María por su fe» (Adv. Haer., III, 22, 4). El «nudo» de la desobediencia, el «nudo» de la incredulidad. Cuando un niño desobedece a su madre o a su padre, podríamos decir que se forma un pequeño «nudo». Esto sucede si el niño actúa dándose cuenta de lo que hace, especialmente si hay de por medio una mentira; en ese momento no se fía de la mamá o del papá. ¡Cuántas veces pasa esto! Entonces, la relación con los padres necesita ser limpiada de esta falta y, de hecho, se pide perdón para que haya de nuevo armonía y confianza. Algo parecido ocurre en nuestras relaciones con Dios. Cuando no lo escuchamos, no seguimos su voluntad, cometemos actos concretos en los que mostramos falta de confianza en él – y esto es pecado -, se forma como un nudo en nuestra interioridad. Estos nudos nos quitan la paz y la serenidad. Son peligrosos, porque varios nudos pueden convertirse en una madeja, que siempre es más doloroso y más difícil de deshacer. Pero para la misericordia de Dios nada es imposible. Hasta los nudos más enredados se deshacen con su gracia. Y María, que con su «sí» ha abierto la puerta a Dios para deshacer el nudo de la antigua desobediencia, es la madre que con paciencia y ternura nos lleva a Dios, para que él desate los nudos de nuestra alma con su misericordia de Padre. Podríamos preguntarnos: ¿Cuáles son los nudos que hay en mi vida? ¿Pido a María que me ayude a tener confianza en la misericordia de Dios para cambiar?

2. Segundo elemento: la de fe de María da carne humana a Jesús. Dice el Concilio: «Por su fe y obediencia engendró en la tierra al Hijo mismo del Padre, ciertamente sin conocer varón, cubierta con la sombra del Espíritu Santo» (LG, 63). Este es un punto sobre el que los Padres de la Iglesia han insistido mucho: María ha concebido a Jesús en la fe, y después en la carne, cuando ha dicho «sí» al anuncio que Dios le ha dirigido mediante el ángel. ¿Qué quiere decir esto? Que Dios no ha querido hacerse hombre ignorando nuestra libertad, ha querido pasar a través del libre consentimiento de María, de su «sí». Pero lo que ha ocurrido en la Virgen Madre de manera única, también nos sucede a nosotros a nivel espiritual cuando acogemos la Palabra de Dios con corazón bueno y sincero y la ponemos en práctica. Es como si Dios adquiriera carne en nosotros. Él viene a habitar en nosotros, porque toma morada en aquellos que le aman y cumplen su Palabra. Preguntémonos: ¿Somos conscientes de esto? ¿O tal vez pensamos que la encarnación de Jesús es sólo algo del pasado, que no nos concierne personalmente? Creer en Jesús significa ofrecerle nuestra carne, con la humildad y el valor de María, para que él pueda seguir habitando en medio de los hombres; significa ofrecerle nuestras manos para acariciar a los pequeños y a los pobres; nuestros pies para salir al encuentro de los hermanos; nuestros brazos para sostener a quien es débil y para trabajar en la viña del Señor; nuestra mente para pensar y hacer proyectos a la luz del Evangelio; y, sobre todo, nuestro corazón para amar y tomar decisiones según la voluntad de Dios. Todo esto acontece gracias a la acción del Espíritu Santo. Dejémonos guiar por él.

3. El último elemento es la fe de María como camino: El Concilio afirma que María «avanzó en la peregrinación de la fe» (LG, 58). Por eso ella nos precede en esta peregrinación, nos acompaña y nos sostiene. ¿En qué sentido la fe de María ha sido un camino? En el sentido de que toda su vida fue un seguir a su Hijo: él es la vía, él es el camino. Progresar en la fe, avanzar en esta peregrinación espiritual que es la fe, no es sino seguir a Jesús; escucharlo y dejarse guiar por sus palabras; ver cómo se comporta él y poner nuestros pies en sus huellas, tener sus mismos sentimientos y actitudes: humildad, misericordia, cercanía, pero también un firme rechazo de la hipocresía, de la doblez, de la idolatría. La vía de Jesús es la del amor fiel hasta el final, hasta el sacrificio de la vida; es la vía de la cruz. Por eso, el camino de la fe pasa a través de la cruz, y María lo entendió desde el principio, cuando Herodes quiso matar a Jesús recién nacido. Pero después, esta cruz se hizo más pesada, cuando Jesús fue rechazado: la fe de María afrontó entonces la incomprensión y el desprecio; y cuando llegó la «hora» de Jesús, la hora de la pasión: la fe de María fue entonces la lamparilla encendida en la noche. María veló durante la noche del sábado santo. Su llama, pequeña pero clara, estuvo encendida hasta el alba de la Resurrección; y cuando le llegó la noticia de que el sepulcro estaba vacío, su corazón quedó henchido de la alegría de la fe, la fe cristiana en la muerte y resurrección de Jesucristo. Este es el punto culminante del camino de la fe de María y de toda la Iglesia. ¿Cómo es nuestra fe? ¿La tenemos encendida como María también en los momentos difíciles, de oscuridad? ¿Tengo la alegría de la fe? Esta tarde, María, te damos gracias por tu fe y renovamos nuestra entrega a ti, Madre de nuestra fe.

 

En su homilía diaria en Santa Marta hoy viernes 11 de octubre, el Papa Francisco ha dicho que debemos estar alerta siempre contra el engaño del demonio. También señaló que no se puede seguir “a medias” la victoria de Jesús sobre el mal, y reiteró que no debemos confundir, relativizar la verdad en la lucha contra el demonio.

Jesús expulsa los demonios y alguno empieza a dar explicaciones “para disminuir la fuerza del Señor”. El Obispo de Roma centró su homilía en el Evangelio de hoy recordando que existe siempre la tentación de minimizar la figura de Jesús como si fuese “en el mejor de los casos un curandero”, al cual no tomar “muy en serio”. Una actitud, observó, que “ha llegado hasta nuestros días”:

“Hay algunos sacerdotes que cuando leen este pasaje del Evangelio, este y otros, dicen: “Pero, Jesús ha sanado a una persona con una enfermedad mental”. No leen esto aquí, ¿no? Es verdad que en aquel tiempo se podía confundir una epilepsia con la posesión de demonio; ¡pero también es cierto que existía el demonio! Y nosotros no tenemos derecho a simplificar las cosas, como diciendo: ‘Todos esos no estaban poseídos; eran enfermos mentales’. ¡No! La presencia del demonio está en la primera página de la Biblia y la Biblia termina también con la presencia del demonio, con la victoria de Dios sobre el demonio”.

Por esta razón, advirtió, “no debemos ser ingenuos”. El Santo Padre observó luego que el Señor nos da algunos criterios para “discernir” la presencia del mal y para seguir el “camino cristiano cuando hay tentaciones”. Uno de los criterios es “no seguir la victoria de Jesús sobre el mal” sólo “a medias”. “O estás conmigo – dice el Señor – o estás contra mí”. Jesús, añadió, ha venido para destruir al demonio, “a liberarnos” de la “esclavitud del demonio sobre nosotros”. Y, advirtió, no se puede decir que así “exageramos”. “En este tema – dijo – no hay matices. Es una lucha donde se juega la salud, la salud eterna, la salvación eterna” de todos nosotros. Luego está el criterio de la vigilancia. “Siempre debemos vigilar -exhortó el Papa- vigilar contra el engaño, contra la seducción del maligno”:

“Podemos hacernos la pregunta: ‘¿vigilo sobre mí, sobre mi corazón, sobre mis sentimientos, sobre mis pensamientos’? ¿Custodio el tesoro de la gracia? ¿Custodio la presencia del Espíritu Santo en mí? ¿O dejo las cosas así, seguro, creyendo que todo está bien?’ Si tú no te custodias, viene aquel que es más fuerte que tú. Pero si llega uno más fuerte que él y lo vence, le quita las armas en las que confiaba y reparte el botín. ¡La vigilancia! Pero, tres criterios, ¡eh! No hay que confundir la verdad. Jesús lucha contra el demonio: primer criterio. Segundo criterio: quien no está con Jesús, está en contra de Jesús. No hay posiciones a medias. Tercer criterio: la vigilancia sobre nuestro corazón, porque el demonio es astuto. ¡Jamás ha sido expulsado para siempre! Sólo el último día lo será”.

Cuando el espíritu impuro sale del hombre, ha recordado el Papa, “deambula por lugares desiertos, buscando reposo, y no encontrándolo, dice: ‘Volveré a mi casa, de donde salí’ Y cuando la encuentra ‘barrida y ordenada’, va ‘toma otros siete espíritus peores que él, entran y se instalan ahí’. Y, de esta manera, “la última condición de aquel hombre resulta peor que la primera”:

“Vigilancia, porque la estrategia del demonio es ésta: ‘Te has convertido en cristiano, va adelante en la fe, te dejo, te dejo tranquilo. Pero luego, cuando te has acostumbrado, y no vigilas tanto, y te sientes seguro, yo regreso’. El Evangelio de hoy comienza con el demonio expulsado y el demonio ¡que regresa! San Pedro lo decía: ‘Es como un león feroz, que da vueltas a nuestro alrededor’. Es así. ‘Pero, Padre, ¡usted es un poco anticuado! Nos asusta con estas cosas’… “. No, ¡yo no! ¡Es el Evangelio! Y no son mentiras: ¡es la Palabra del Señor! Pidamos al Señor la gracia de tomar en serio estas cosas. Él ha venido a luchar por nuestra salvación. ¡Él ha vencido al demonio! Por favor, ¡no negociemos con el demonio! Él trata de volver a la casa, de tomar posesión de nosotros… No relativizar, ¡vigilar! ¡Y siempre con Jesús!”

virgen del pilar1 

 

El 12 de octubre, sábado, celebramos la fiesta de la Virgen del Pilar. En la parroquia los horarios de misas serán los siguientes:

9:30 a.m. Santa Misa rezada

8:00 p.m Santa Misa cantada por el coro parroquial

 

 

 

 

 

HIMNO A LA VIRGEN DEL PILAR

Virgen Santa – Madre mía

luz hermosa – claro día

que la tierra – aragonesa

te dignaste visitar.

Este pueblo que te adora,

de tu amor favor implora

y te aclama y te bendice

abrazado a tu Pilar.

Pilar sagrado, faro esplendente,

rico presente de caridad.

Pilar bendito, trono de gloria,

tú a la victoria nos llevarás.

Cantad, cantad

himnos de honor y de alabanza

a la Virgen del Pilar.

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