QUIERO, SEÑOR (Domingo XV)
Ser campo, donde tu mano siembre,
y trabajo donde yo me afane.
Ser camino por donde tu te acerques,
y sendero por el que otros, al avanzar con ellos,
puedan llegar a conocerte y amarte.
QUIERO, SEÑOR
Que las piedras que entorpecen tu gran obra
las deje a un lado, con la ayuda de tu Palabra
Que la superficialidad en la que navego
dé lugar a la profundidad de tu Misterio
QUIERO, SEÑOR
Que nunca se seque en mí
lo que, en mi Bautismo, Tú iniciaste
Que las zarzas del materialismo
no ahoguen la vida del Espíritu
que en mi alma habita
Que el sol abrasador, de la comodidad
o del materialismo o del zarzal de la pereza
nunca sean más grandes que mi deseo
de amarte, seguirte y ofrecer mi vida por Ti.
QUIERO, SEÑOR
Dar el diez, o el veinte o el treinta por ciento
por Ti y por tu Reino
más, bien Tú lo sabes,
que eres el Dueño de mi hacienda
el responsable de mis campos
la mano certera de mis sembrados
QUIERO, SEÑOR
Que lo que me des, yo esté dispuesto
a entregarlo a todos aquellos
que todavía no te conocen
QUIERO, SEÑOR
Que, siendo campo con tantas posibilidades,
metas Tú, la mano del Buen Sembrador,
y recojas lo que más necesites
para el mundo y para mis hermanos
Amén.
Javier Leoz Ventura

QUIERO, SEÑOR 
Ser campo, donde tu mano siembre,
y trabajo donde yo me afane.
Ser camino por donde tu te acerques,
y sendero por el que otros, al avanzar con ellos,
puedan llegar a conocerte y amarte.
QUIERO, SEÑOR
Que las piedras que entorpecen tu gran obra
las deje a un lado, con la ayuda de tu Palabra
Que la superficialidad en la que navego
dé lugar a la profundidad de tu Misterio
QUIERO, SEÑOR
Que nunca se seque en mí
lo que, en mi Bautismo, Tú iniciaste
Que las zarzas del materialismo
no ahoguen la vida del Espíritu
que en mi alma habita
Que el sol abrasador, de la comodidad
o del materialismo o del zarzal de la pereza
nunca sean más grandes que mi deseo
de amarte, seguirte y ofrecer mi vida por Ti.
QUIERO, SEÑOR
Dar el diez, o el veinte o el treinta por ciento
por Ti y por tu Reino
más, bien Tú lo sabes,
que eres el Dueño de mi hacienda
el responsable de mis campos
la mano certera de mis sembrados
QUIERO, SEÑOR
Que lo que me des, yo esté dispuesto
a entregarlo a todos aquellos
que todavía no te conocen
QUIERO, SEÑOR
Que, siendo campo con tantas posibilidades,
metas Tú, la mano del Buen Sembrador,
y recojas lo que más necesites
para el mundo y para mis hermanos
Amén.

Una foto de José Ignacio Romero.  Pedro: amaba tanto a Jesús como odiaba la cruz. Ya una vez quiso convencer al Maestro de que semejante suplicio no estaba hecho para Él. Entonces Jesús lo llamó «Satanás». Cuando tuvo que elegir entre su amor a Jesús y su odio a la cruz, optó por lo segundo y renegó del Señor tres veces, una de ellas con juramento. Pero como su amor a Cristo era verdadero, lloró lágrimas tan amargas que su dolor le unió misteriosamente a Jesús crucificado. Al fin y al cabo, aunque a distancia, ambos lloraban por lo mismo: por los pecados.

    Pablo: enemigo de Cristo y perseguidor de cristianos. Desde que cayó por tierra, vencido por Jesús, toda su vida fueron padecimientos, azotes, cárceles y martirio. Así purificó su rebeldía. En Atenas, quiso dedicarse al marketing y realizó un publirreportaje hablado sobre Cristo, en el que, para no asustar a la clientela, omitió todo lo referido a la Cruz. La burla que recibió a cambio lo movió a tal arrepentimiento que, desde entonces, no quiso conocer sino a Cristo, y éste crucificado. En adelante, no habló más que de la Cruz.

En este domingo celebramos la Solemnidad del Cuerpo de Cristo. Por lo que he podido saber esta Fiesta se realizó por primera vez a mediados del siglo XIV, El año 1,355, siendo extendida a toda la Iglesia occidental por el Papa Urbano IV en 1,264 con el fin de proclamar la presencia de Jesús Eucaristía. Hoy también celebramos el día Nacional de Caridad.
  El Evangelista Lucas nos comenta el siguiente Evangelio. En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: "Yo soy el pan vivo que ha bajado del Cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo". Disputaban los fariseos entre si: "¿Como puede este darnos de comer su carne?". Entonces Jesús les dijo: "Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo le resucitaré en el último día".
  Como en su vida pública, Jesús en este día pasa por las calles de nuestra ciudad, saliendo al paso de los quieren verle y haciéndose el encontradizo con los que no le buscan. El nos urge a que también nosotros salgamos a los caminos y senderos, que les insistamos a entrar para que se llene su casa. (Lc,14,15)
   Jesús nos dice: "Yo soy el pan de la vida, vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron, He aquí el pan que desciende del Cielo, a fin de que quien comiere de el no muera".
  En el orden fisiológico la vida se sostiene por medio del alimento,lo mismo sucede en el orden sobrenatural, la vida de la gracia necesita un sostenimiento y esto se consigue alimentándonos con el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Ya no tenia mas para darnos y nos dio a El mismo como alimento, para que tengamos vida en abundancia
  La Sagrada Comunión despierta en el alma un amor puro, impulsivo y ardiente que le empuja hacia la altura dándole valor y optimismo. El Pan de los fuertes se le llama a la Eucaristía,y así es, si nos alimentamos de El, alcanzaremos fuerza contra los enemigos del alma.
   Recibamos siempre a Jesús con buena disposición, reconociendo lo que somos y a quien recibimos. Jamas nos sentiremos solos mientras haya un Sagrario donde poder llamar pidiendo consuelo. No olvidemos,que Dios se oculto bajo las especies de pan y de vino por tu amor, por mi amor.
   Abrámosle nuestro corazón y sentiremos la sensación del Salmista: "Me ardía el corazón dentro del pecho, se encendía el fuego en mi meditación". (Sal,38,4.) Terminada la misa de 12,30 tendremos la solemne procesion del Corpus Christi por el Casco Antiguo de Cizur Mayor. Viva Jesús Sacramentado!.

Foto

Oración a la Santísima Trinidad

Te adoro, Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas y un solo Dios. Me postro en el abismo de mi nada ante tu divina majestad.
Creo firmemente y estoy dispuesto a dar la vida en testimonio de todo lo que nos ha revelado en la Sagrada Escritura y de los misterios que por medio de tu Iglesia nos has manifestado.
En ti deposito mi confianza; y de tu mano, Dios mío, vida única, esperanza mía, deseo, espero y quiero recibir todos los bienes, espirituales o corporales, que pueda alcanzar en esta vida o en la otra. Desde hoy y para siempre te consagro mi cuerpo y mi alma, todas mis potencias, la memoria, el entendimiento, la voluntad y todos mis sentidos.
Te prometo no consentir jamás, en cuanto esté de mi parte, en que se infiera la más mínima ofensa a tu divina majestad.
Propongo firmemente dedicar toda mi existencia, mis facultades y energías, a tu servicio y gloria.
Estoy dispuesto a sobrellevar ludas las adversidades que tu mano paternal quiera imponerme para dar gusto a tu corazón.
Quisiera esforzarme con todo mi ser, para que todos sirvan, glorifiquen y amen a Dios su Creador.
Me gozo intensamente de tu eterna felicidad, y me siento jubiloso por tu gran gloria en el cielo y en la tierra.
Te doy infinitas gracias por los innumerables beneficios concedidos, a mi y al mundo entero, y por los que continuamente, (día tras día, concede tu benigna providencia.
Amo tu infinita bondad por si misma con todo el afecto dc mi corazón y de mi alma: y desearía sí me fuera posible, amarte como te aman los ángeles y los justos, con cuyo amor uno el mío.
A tu divina majestad, en unión de los méritos de la pasión, vida y muerte de Cristo, de la bienaventurada siempre Virgen y de todos los santos, ofrezco desde ahora para siempre todas mis obras, purificadas por la preciosísima sangre de nuestro Redentor Jesús.
Quiero participar, en lo posible, de las indulgencias obtenidas por medio de las oraciones y obras, y deseo aplicarlas como sufragio por las almas del purgatorio.
Quiero también ofrecer, en la medida de mis fuerzas satisfacción y penitencia por todos mis pecados.
Dios mío, siendo tú infinitamente digno de todo amor y servicio, por ser quien eres: me arrepiento de todo corazón de mis pecados, y los detesto más que todos los males, puesto que tanto te desagradan a ti. Dios mío, a quien amo sobre todas las cosas: te pido humildemente perdón, y hago firme propósito de nunca ofender a tu divina bondad.
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